jueves, 13 de septiembre de 2007

¡Chi..! ¡Chi…! ¡Chi!.., ¡le…! le…! ¿Qué...?


Ni la fonda, ni la chicha, ni tampoco la empanada son suficientes para que una verdadera celebración de Fiestas Patrias esté completa. Todos somos conscientes de que es tiempo de celebrar, el momento que todos esperan para compartir con los suyos. Gozarse de las amistades, de un renovador encuentro familiar, de uno que otro juego criollo, y porque no decirlo, de un buen zapateado de cueca…Bueno lo de la cueca es más difícil, pero para mi consuelo, todavía es posible presenciar a uno que otro huaso campero al que le brote del corazón (a pesar de que de un momento a otro lo podamos ver interpretando el baile del koala…). Pero más allá de la visión negativa de que “todo tiempo pasado fue mejor”, me interesaría hacer una reflexión que abra espacio a un diálogo fecundo con nuestras raíces, con nuestro Chile.
Por ejemplo, ¿Qué pasó con ese amor cortés del huaso chileno por su chinita?
Créanme que lo último que quiero es culpar a los huasos, pues según mi opinión, son de los pocos que todavía conmemoran como corresponde lo que significó ese 18 de Setiembre (sí, sin la “p”) de 1810.
Por ser los exponentes más leales de nuestra chilenidad, en ellos se patentiza claramente el maltratato que día a día le damos a nuestra Madre Patria.

Todos nuestras costumbres han ido despojando al “ceache-i” de su verdadero significado, relevándolo a un grito de auxilio de una nación que reclama con justicia sus derechos sobre su pueblo…Pero mientras tanto, nos abandonamos a un reggaeton sin sentido...

¿No nos estaremos convirtiendo en huasos acaballados, o peor aún, en caballos ahuasados?
Resguardamos celosamente el grito del “Ceach-i”, la chicha y la imperdible visita a la fonda tradicional…Pero olvidamos con facilidad una característica fundamental del huaso chileno:

El freno junto con la rienda son los elementos que dispone el jinete para gobernar a “su” caballo, o contrariamente, ¿es el “caballo” que dispone de los chilenos para celebrar a rienda suelta?

Nuestras celebraciones se tornan cada vez más "refractarias a los consejos de la prudencia, cada vez más inclinadas a lo bestial y absurdo". Hago un llamado a que reflexionemos, y que en algún momento de nuestra agenda "ocupada" sepamos escuchar la llamada de auxilio que nos hace nuestra mismísima Patria desde sus entrañas, pues todavía permanece esperanzada en Chilenos como tú y yo que la protejan, incluso de nosotros mismos.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

¿Cuál fue nuestra última "necesidad"?


En un colegio de la pintana dependiente de la Fundación Belén Educa, hicieron un concurso de cuentos para presentarlos al concurso nacional de cuentos que dirigen las primeras damas de muchos paises... El ÚNICO ganador nacional fue Yasna Guzmán, una alumna de 8ºbásico. Además, se hizo merecedora de un viaje con su papá a Dinamarca. Les adjunto el cuento. Es durísimo, pero creo que vale la pena detenerse un minuto para comparar nuestras futiles "necesidades" con las verdaderas miserias que aquejan a muchos de nuestros hermanos pobres...







Biografía de la Calle


"Muchos de nosotros nacemos en bajas condiciones por no tener quién nos cuide. Nacemos de madres que a los pocos meses de vida nos dejan solos y desprotegidos. Yo me pregunto si la vida de todos será como la nuestra.
A medida que transcurren los días que luego son años de soledad y de abandono nos encontramos a veces que no hay para comer en semanas, y la realidad es así, ¡cómo puedo consolar a mi estómago! entonces tenemos que comer de la basura y la comida está en descomposición, restos de fruta podrida, olores desagradables, y cuando crees que ya no hay nada más la gente se compadece de nosotros y nos da comida, pero no es lo mismo, pues tenemos que comer en la calle y desde allí miramos la vida en familia de otros, y no estoy hablando de querer estar ahí, sino de pertenecer a la mía, a mi familia, a la que sueño cada día.
Hay días en que camino por calles olvidadas, calles con muchos niños y parece que de pronto la ciudad fuera el mapa de mis ojos, la conozco como conozco a mi corazón. El gran problema son las noches tan largas, camino sobre un manto lleno de estrellas o debajo de un cielo gris y lluvioso. Soy un viajero que a cada paso se pregunta por la injusticia, en donde aloja la esperanza, quién maneja la vida, mi vida... la vida de todos, ¿Por qué soy tan distinto?. Mi corazón llora de soledad y de amargura, me siento solo en todo este mar de gente.
Con todo esto sobre mis hombros no entiendo por que la gente se escapa de mí cuando yo quiero jugar, quizás por que ando sucio o mi apariencia es peligrosa, muchos como yo tenemos aspectos extraños, de vagabundos, y las personas prefieren ignorarnos, y nos hacen sentir invisibles.
Después de crecer solo en la calle uno aprende muchas cosas para sobrevivir: como defendernos de aquellos que piensan que estorbamos, a refugiarnos en rincones de casas abandonadas, debajo de algún puente y así tener donde dormir en las noches.
Muchos como yo duran poco en la calle, y he tenido que ver como mueren solos sin nadie que los lloré o les de una sepultura, ya que no aprendieron a sobrevivir y en un segundo dejan de existir.
Los más fuertes lo logran, y por esta triste razón los que tienen un lugar para vivir y estar bien tienen que aprovecharlo, hacer feliz a la familia que nos acoge, ya que la calle no es agradable, es fría y ajena.
Los días de lluvia para nosotros son un problema mayúsculo, por que tenemos que buscar por todas partes un lugar para refugiarnos, y es ahí donde más extrañamos el vientre tibio y protegido de nuestras madres porque cuando hace frío no tenemos con que abrigarnos.
Algunas veces hay gente que se compadece de nosotros y nos lleva a lugares cómodos donde dormir, en donde se encuentran niños que nos entregan cariño y donde no pasamos frío, lugares que por una noche se transforman en nuestro hogar.
Como me hubiese gustado tener una familia que me protegiera, que me cuidara y me entregara cariño siempre.
Algunas veces cruzando la calle sentimos una bocina, y luego despertamos en un lugar diferente al que vivía y muy bello, ya que la vida de un Perro Callejero no es buena.
Y ahora desde arriba veo mi cuerpo tirado en calle en donde siempre caminaba, es un día lluvioso y nadie me recuerda, para las personas que me ven tirado y destrozado a un costado del camino soy solo un perro menos, me da un poco de tristeza ver todo este panorama, una vida a la cual me aferré con valentía y entusiasmo, siempre conciente de ser lo que me toco ser.
Ahora estoy en un lugar maravilloso y hay muchos como yo, pero es muy distinto, pues aquí se ven contentos y hay personas preocupadas por cada uno de nosotros, es como si fuera el verdadero lado de la vida humana, aunque hayamos tenido que pasar por todo lo anterior, ya no hay calles y tampoco edificios sino amplios paisajes y muchos árboles y, definitivamente aquí puedo ser feliz."




Yasna Guzmán
Octavo Básico
Colegio Cardenal Caro